El 8 de abril de 1931, en el Teatro Académico Estatal de Ópera y Ballet de Leningrado (así se llamó al Teatro Mariinsky en los inicios de la era soviética, antes de ser nombrado en honor del asesinado Sergei Kirov en 1934) se llevó a cabo el ensayo general con público de “El Perno”, ballet con coreografía de Fyodor Lopukhov y música de Dmitri Shostakovich, quien tenía apenas 25 años. El argumento fue escrito por el dramaturgo Viktor Smirnov y los originales diseños corrieron a cargo de Tatiana Bruni.

Ninguno de los involucrados hubiera pensado que este ensayo sería literalmente “debut y despedida” pues al terminar, la fecha prevista para el estreno fue cancelada (oficialmente se dijo “pospuesta”). Y es que de inmediato se escucharon comentarios muy negativos y fuertes acusaciones, por lo que la administración del teatro decidió no arriesgarse; bastaba ya con que hubiese sido condenado por el mismísimo Stalin, como para buscarse problemas mayores. Y vaya que las consecuencias de desafiar a la autoridad podían ser fatales.
El Perno tenía todos los elementos para convertirse en un gran éxito: música maravillosa, coreografía innovadora, gran elenco, diseños excepcionales y… una historia que veladamente se burlaba de los clichés de la propaganda soviética (bueno, no tan veladamente, porque público y censores los detectaron sin dificultad).

Basado en un incidente real de sabotaje en la fábrica Octubre Rojo, El Perno fue el primer “ballet industrial” de la URSS que intentaba hacer una representación satírica de la pequeña burguesía que trata de sabotear la “maquinaria socialista” poniendo un perno en sus engranajes. La obra provocó ácida crítica por la representación como personajes primitivos y grotescos de los miembros de la Komsomol -organización de la juventud soviética- que descubren el plan. El público no dejaba de abuchear la representación durante este ensayo, ofendido por la manera de describir los ideales soviéticos.
Este segundo ballet de Shostakovich reúne música popular con danza, incluyendo las rutinas gimnásticas de Komsomol, marchas del ejército Rojo, acrobacias y actos de vaudeville, pero también se juzgó que la partitura contenía pasajes que sonaban demasiado occidentales y que era una “peligrosa frivolidad” y por ello fue denunciado (ya en 1930 había pasado por las mismas después del estreno de La Edad de Oro con coreografía de Vainonen, Yakobson y Chesnakov). Dmitri Dmitiryevich había imaginado su ballet como una alegre sátira del drama proletario; su intención era resaltar la azarosa y ambigua relación que existía entre la experiencia proletaria y la representación que de ella daba la vanguardia soviética, pero aparentemente los tiempos no estaban para eso.

Victor Smirnov, el escritor del argumento, cuya obra siguió siendo juzgada como contraria a los lineamientos, fue eventualmente víctima de las infames purgas estalinistas y en 1946 fue confinado a un Gulag en donde falleció poco después.
Tatyana Bruni, diseñadora para ópera y ballet en San Petersburgo con los diseños de este ballet – brillantes bloques de color, vibrantes patrones y líneas geométricas, con un toque de futurismo- le da a su carrera un giro hacia la estética constructivista, lo que tampoco ayudó a la recepción de la obra, pues la vanguardia ya estaba siendo mal vista por las autoridades soviéticas, que más bien estaban trazando ya las líneas hacia el famoso realismo socialista.


El Perno le costó a Lopukohv la dirección del Teatro Académico Estatal de Ópera y Ballet de Leningrado, que le fue otorgada a Agrippina Vaganova y, fue persuadido para aceptar la dirección de la recientemente formada compañía del Teatro Maly, albergada en el antiguo Teatro Mikhailovsky. La historia hubiera podido ser totalmente diferente para Lopukhov y para la historia de la danza. Su hermana menor, Lydia Lopokova estrella de Les Ballets Russes de Diaghilev se había establecido en Londres en donde se casó con el economista John Maynard Keynes. A inicios de los años 30 pertenecía a la Camargo Society, grupo que estaba sentando las bases de lo que eventualmente sería el Royal Ballet. La sociedad necesitaba repertorio y Lopokova no ansiaba que su hermano fuera a Londres a trabajar con ellos. Si Keynes hubiera movido sus influencias o si el mismo Fyodor Lopukhov hubiera querido dejar su amado país, el coreógrafo hubiera llegado a Londres y el impacto hubiera sido de lo más trascendente en la danza, Ashton hubiera tenido un rival importante y tal vez el repertorio británico habría tomado una línea diferente.

El ballet nunca se volvió a presentar después de su estreno en 1931, sino hasta el año 2006 en que el coreógrafo ruso Alexei Ratmansky lo rescató para hacer una nueva versión escénica para el Ballet Bolshoi.
Aquí pueden escuchar un Fouetté dedicado a este ballet https://open.spotify.com/episode/5T91TwaAII5WmyO4kXN5zf?si=iz6jwAVbRHCN28UgWmh-rQ


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