Arthur Saint-Léon: EL ÚLTIMO ROMÁNTICO

Arthur Saint-Léon en Le Violon du Diable, litografía de Déracourt, 1849, París. Gallica, Bibliothèque Nationale de France

Charles Victor Arthur Michel, bailarín, maestro y coreógrafo francés, mejor conocido como Arthur Saint-Léon, nació el 17 de septiembre de 1821 en París. Hijo del bailarín Léon Michel, quien fue asistente de Pierre Gardel en la Ópera de París, el joven Arthur pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en Stuttgart, donde su padre era maestro de ballet en la corte de Alemania. Desde muy temprana edad, demostró sus sobresalientes capacidades para la danza. Inicialmente, fue formado por su padre y, posteriormente, estudió con François Decombe en Bruselas. Si bien la danza fue su primera ambición, Saint-Léon también mostró desde joven talento para el violín, que estudió con Joseph Mayseder y Niccolò Paganini.

Arthur Saint-Léon en Roma, V. Battistelli, 1843. the New York Public Library Digital Collections

Saint-Léon hizo su debut como bailarín en el Teatro de la Monnaie en Bruselas en 1838-39. Posteriormente, bailó en Viena y Milán, antes de ser contratado en Londres en 1843, donde fue aclamado por su fabulosa técnica. En abril de 1843 el diario londinense Times comentaba así el debut de Arthur en el Her majesty’s Theatre de Londres:

«Una maravilla en su género. El vigor que muestra, la inmensidad de sus piruetas y otras proezas parecen indicarlo como el fundador de una escuela completamente nueva […] Su danza es el deporte de un joven Hércules. […] Sus impulsos son de una fuerza sorprendente: no podemos entender cuántas veces gira en una pirueta, parece que se ha dado un impulso que no puede controlar. Gira como un huracán, y se detiene inmóvil como una roca […] Saint-Léon es un fenómeno.»

Fue precisamente en Londres en donde su camino se cruzó con la famosa bailarina romántica napolitana Fanny Cerrito, quien estaba iniciando su carrera. Los dos se entendieron de maravilla y se convirtieron en una de las parejas sensación de la escena londinense. En 1844, crearon juntos La Vivandière en París, obteniendo un gran éxito. Un año después, contrajeron matrimonio en esa ciudad, aunque su unión no duraría mucho tiempo.

Fanny Cerrito y Arthur Saint-Léon en «La Vivandière», Numa Blanc, 1844, Londres. The New York Public Library Digital Collections

En 1847, Saint-Léon fue nombrado coreógrafo de la Ópera de París, creando nuevos ballets para Cerrito: La Joven de Mármol, El Violín del Diablo, Stella y Pâquerette. La misma institución lo requirió a partir de 1851 como profesor de la clase de perfeccionamiento de la Ópera, donde tenía mucho que aportar a la técnica de los jóvenes bailarines.

Como era habitual en Rusia, Saint-Léon también pasó a formar parte de la lista de maîtres franceses llamados al servicio del zar. Así, en 1859 sucedió a Jules Perrot como director de ballet de los Teatros Imperiales de San Petersburgo y Moscú, mientras lidiaba con un persistente Marius Petipa como asistente. Allí creó varios ballets, como Jovita o Los Bucaneros Mexicanos, La Perla de Sevilla, Fiammetta, El Caballito Jorobado y Liliya.

Ekaterina Vazem, una célebre bailarina rusa del siglo XIX, tenía una gran admiración por Arthur Saint-Léon. En sus testimonios, lo describía como un gran innovador y técnico excepcional en el ballet. Vazem lo elogiaba como «autor brillante de variaciones que podrían ser consideradas como un modelo de belleza por su diseño coreográfico y su musicalidad».

Debido a que las temporadas en los Teatros Imperiales de Rusia eran más breves, Saint-Léon regresaba en los veranos a París, donde continuaba trabajando en sus creaciones coreográficas. Gracias a estos viajes, introdujo en la capital francesa a dos bailarinas que él había impulsado en Rusia: Marfa Muraviyeva y Adele Grantzow. Sobre todo, durante estos regresos a su patria, creó, entre otras, un par de obras que fueron la carta de presentación del entonces joven compositor Leo Delibes: La Source (1866) y Coppélia (1870).

Coppélia sería su obra final y, sin duda, la más exitosa. Además de la excelencia en el trabajo coreográfico, Coppélia o La Joven con ojos de esmalte se considera el ballet que marca el final del período romántico. Saint-Léon había percibido el cambio de gustos e ideas del público y en sus coreografías empezaba a alejarse de las fantasías y las mujeres etéreas, dando cada vez más peso a la técnica masculina. Se puede decir entonces, que dio los primeros pasos en la construcción del puente hacia el estilo que llegaríamos a llamar ‘clásico’. De forma poética, Coppélia simboliza el fin de una era, ya que apenas cuatro meses después de su estreno, el maestro Saint-Léon falleció prematuramente a causa de un infarto.

Además de sus ballets, Saint-Léon dejó algunas publicaciones, siendo la más destacada La Sténochorégraphie o El arte de escribir la danza adecuadamente (1852). Este es un tratado en el que desarrolló un sistema de notación para la danza con el fin de permitir la preservación y transmisión precisa de las coreografías, algo fundamental en una época en la que no existían grabaciones ni otros medios de registro. También escribió Le Ballet des Nations (1856), donde exploraba las danzas nacionales europeas, mostrando su interés por las tradiciones folclóricas.

Arthur Saint-Léon, ca 1865, B. Braquehais, París

Saint-Léon fue uno de los mejores bailarines de su tiempo, destacado por su «ballon» y elevación. Fue el último representante de la antigua escuela masculina francesa de ballet. Esto ocurrió en un período donde la bailarina había asumido el papel principal en escena, mientras que la figura del bailarín estaba perdiendo relevancia e identidad, despojada de las características que la habían definido durante más de un siglo como un símbolo de la danza.

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