
Levanta el párpado cerrado,
Théophile Gautier (1838)
tocado por un sueño virginal,
soy el espectro de la rosa
que ayer has vestido en el baile.
Me adornaste con cuentas de plata,
y en la fiesta estrellada
bailamos juntos toda la noche.
Oh tú, que de mi muerte has sido la causa,
sin que puedas alejarlo,
toda la noche mi espectro rosado
junto a tu lecho vendrá a bailar.
Pero no temas nada,
no quiero misas ni calma;
este ligero perfume es mi alma,
y mi hogar es el paraíso.
Mi destino es digno de envidia:
por una muerte tan hermosa,
más de uno daría la vida,
porque tu cuello tengo por tumba,
y en el alabastro donde reposo,
un poeta con su beso llora:
Aquí yace una rosa
de la que un rey estaría celoso.
El 19 de abril de 1911 se estrenaba El Espectro de la Rosa de Mikhail Fokine, abriendo la tercera temporada de los Ballets Rusos de Diaghilev que en esa ocasión se presentaban en el Teatro de Monte Carlo. La interpretación de este breve, pero poderoso ballet estuvo a cargo de los maravillosos Tamara Karsavina y Vaslav Nijinsky.

En 1909 tras las funciones de la primera temporada de los Ballets Rusos de Diaghilev en París, el poeta francés Jean-Louis Vaudoyer le propuso a Mikhail Fokine hacer un ballet inspirado en este bello poema de Théophile Gautier.
En sus memorias, Mikhail Fokine cuenta que “mucho se ha escrito acerca del “Espectro de la Rosa” – muchas de ellas verdaderas en cuanto a las extraordinarias interpretaciones de Karsavina y Nijinsky, y sobre su integridad poética, pero hay también una gran cantidad de fabricaciones imaginativas acerca del salto final de Nijinsky, burdamente exagerado y sobreestimado. El atronador aplauso que siguió al momento del “vuelo” de Nijinsky por la ventana no se debió a la altura de dicho salto -en absoluto- sino a que esta era la terminación de la mas etérea, ligera y poética danza, inmensamente difícil de interpretar, y que Nijinsky bailó magníficamente.”

Continúa Fokine: “Cuando la danza terminó, automáticamente todo mundo elevó las manos, listos para aplaudir. Es lamentable que los escritores centraran su atención en este salto final y que uno de los logros mas poéticos en el ballet, sea medido por un salto.”
Acerca de la composición del ballet Fokine asegura: “a pesar de que utilicé todos los recursos del ballet clásico, aún consideraba que este ballet pertenecía a la clasificación de “nuevo ballet”. No contenía danzas montadas para hacer gala de la técnica (es por lo que objeté tan categóricamente la sobreadmiración del salto final), y las danzas eran expresivas en todo momento.”

Y como la historia está llena de curiosidades, resulta que en 1841 Hector Berlioz le había puesto música al poema, creando con este y otros seis más de los poemas de Gautier un ciclo de canciones llamado Las Noches de Verano. El mismo Berlioz en ese año estaba también trabajando en la orquestación de la hermosa pieza para piano de Carl Maria von Weber “Invitación a la Danza”. Setenta años después, Diaghilev y Fokine escogerían esta versión Weber-Berlioz para la nueva creación coreográfica. Así, sin imaginárselo, Berlioz sería algo así como el padre artístico de dos Espectros: su canción y el ballet.
Les dejo esta liga con la canción de Berlioz https://youtu.be/AF8mds4VULE

- Fotografía 1: retrato de Vaslav Nijinsky en El Espectro de la Rosa, París, 1911. L. Roosen fotógrafo; Fondo Boris Kochno, Biblioteca Nacional de Francia
- Fotografía 2: Poster publicitario del estreno de El Espectro de la Rosa, Monte Carlo, 1911, diseño de Jean Cocteau, colección privada, Mónaco.
- Fotografía 3: Vaslav Nijinsky y Tamara Karsavina en El Espectro de la Rosa. Auguste Bert, París, junio 1911
- Fotografía 4: Escenario para el Espectro de la Rosa en el Teatro de Châtelet de París. Auguste Bert, junio 1911


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