LA GRAN CAMARGO

Marie-Anne de Cupis nació el 15 de abril de 1710, en Bruselas, Bélgica (que en esa época aún se conocía como Países Bajos Españoles) de padre franco-valón y madre de orígenes españoles. Fue precisamente de la familia materna española de quien tomaría el apellido Camargo. Fue preparada desde muy pequeña para los escenarios, ya que su padre, Ferdinand de Cupis era violinista y maestro de ballet. Desde esa época mostró una aptitud evidente y se cuenta que desde que era bebé agitaba frenéticamente brazos y piernas en el regazo de su nodriza a la más mínima nota musical (para gran diversión de la nodriza que de ver esto decía que la pequeña un día se convertiría en la mejor bailarina de Europa).

Este talento precoz atrajo la atención de la princesa de Ligne que le ofreció a Monsieur de Cupis llevarse con ella a su hija a París para que pudiera recibir la mejor educación en danza. Es de suponer que la propuesta fue gustosamente aceptada -Ferdinand no hubiera podido jamás costear esa idea- y la joven Marie-Anne de 10 años de edad se hizo alumna de la célebre Françoise Prévost (la primera mujer coreógrafa), haciendo tales progresos que muy pronto estaría en posibilidad de hacer su debut en Bruselas para, poco después, ser contratada por la mismísima Ópera de París. Marie

Marie Camargo. Imagen de dominio público

Así, el público parisino la descubre el 5 de mayo de 1726 en el ballet Les Caractères de la Danse, una suite de danzas -que había sido creada por la maestra Françoise Prévost- en donde la debutante Marie hace gala de todas sus cualidades, siendo recibida con enorme éxito. La audiencia quedó cautivada porque lo que presentaba era algo nunca antes visto, según lo descrito por Ivor Guest, ejecutó cabrioles y entrechats sin el más mínimo esfuerzo y ofreció un arte indescriptible con una particular ligereza que ocultaba su fuerza y un oído sensible a tono con los más sutiles matices de la música. De esa forma nacía una estrella, pero era algo para lo que Madamoiselle Prévost no estaba preparada. Este éxito de su pupila solo le causó un ataque de celos y, en lugar de verla como su posible sucesora, relegó a Marie al cuerpo de baile.

Afortunadamente estos intentos de ocultar a su alumna, no le salieron muy bien a Françoise Prévost. Una noche el bailarín David DuMoulin tenía que interpretar un solo en una danza de demonios, pero cuando la orquesta empezó a tocar la música de su entrada no se le encontraba por ningún lado. Aprovechando la oportunidad, Marie Camargo se precipitó al escenario e improvisó un solo con esa música, encantando al auditorio que al finalizar le regaló un estruendoso concierto de aplausos. Con todo y todo, la Prévost seguía negándose a tomarla de nuevo como alumna. La suerte quiso que el maestro Nicolás Blondy la invitara a estudiar con él. Y otra vez le salió mal a la Prévost, pues con un maestro varón, la Camargo perfeccionó su gracia, ligereza y presencia y muy pronto se colocó por arriba de su ex-maestra, a quien por cierto Marie siempre reconocería sus enseñanzas.

La Camargo, Louis-Marie Lanté, 1760. Colección Victoria & Albert Museum, Londres, Reino Unido

El primer mérito que hay que adjudicarle a Marie Camargo es que fue la primera verdadera bailarina virtuosa que apareció en la Ópera de París, pues desde su fundación en el siglo XVII, la institución había estado dominada por hombres. La llegada de la Camargo cambió finalmente esta supremacía. Con su influencia, la figura de la bailarina recibió su lugar en el arte.

Fue también en estos años del inicio de su carrera que el vestuario de ballet empezó a evolucionar. Hacia los años 1720 se introdujeron a la moda de sociedad vestidos de pannier de materiales más ligeros que los usados en el siglo anterior. Esta vestimenta se volvió también el estándar para las bailarinas, salvo que la falda se elevó unos centímetros para que se pudieran ver los pies y tobillos. Esto le dio a la Camargo y sus sucesoras la ventaja de poder demostrar su battérie y las alentó a tratar de emular a sus contrapartes masculinas en el salto. Camargo recibe siempre el crédito histórico de haber sido la primera bailarina en ejecutar entrechats quatre y en términos del vestuario de danza, se le atribuye haber popularizado la falda acortada y haber cambiado los tacones de los zapatos que usaban las bailarinas en la época por zapatillas planas.

En el tiempo transcurrido entre su debut y su retiro en 1751, se presentó en cerca de 80 ballets en París. Se desarrolló una acalorada rivalidad entre la Camargo y Marie Sallé, la otra gran bailarina de la época. Voltaire, el gran filósofo, apuntaba que el estilo de Camargo era veloz y brillante, mientras que el de la Sallé era mas lírico y expresivo.

Al igual que Marie Sallé, la carrera de Marie Camargo abrió nuevas posibilidades para las bailarinas que venían detrás. En el campo de la técnica, la danza de la Camargo marcó un nuevo estándar para la excelencia. Durante el período Barroco, estos estándares de interpretación en constante mejoramiento, tanto en la ópera como en el ballet, ayudaron a crear un público que ubicaba y seguía ávidamente a los mejores cantantes y bailarines del momento. La división de opiniones que se daba en París acerca de los méritos de las Maries -Camargo y Sallé- era típica de los tiempos, pues el público consagraba el mismo tipo de atención a estas celebridades que la que actualmente se da a deportistas y músicos populares.

Por su popularidad, Marie Camargo estableció una moda en su época, manifestada de muchas formas, no sólo en la danza. Se hicieron muchos retratos y cuadros para ella, por ejemplo, el famoso de Nicholas Lancret de 1830. En el siglo XIX se escribieron dos óperas sobre ella, una de Enrico de Leva y otra de Charles Le Cocq. Marius Petipa y Leon Minkus crearon en 1872 un ballet llamado La Camargo, contando un episodio de la vida de la bailarina en el que ella y su hermana fueron raptadas por el Conde de Melun. En 1930 se funda la Sociedad Camargo en Londres dedicada a promover el ballet británico. Incluso se hicieron varios platillos en su nombre, incluyendo algunos de los más famosos del chef francés Escoffier: Filete de res a la Camargo (con tocino y alcaparras), Mollejas de ternera a La Camargo (acompañadas de un pan brioche, chicharos y zanahorias), Soufflé a la Camargo (capas de soufflé de mandarina alternadas con soufflé de avellana y soletas remojadas en licor Curazao) y Bomba helada a la Camargo (exterior de helado de café relleno de parfait de vainilla).

Marie-Anne Cupis de Camargo (1710-1770).*oil on canvas.*45 x 55 cm.*1710 – 1743

Marie Camargo. Nicolas Lancret, ca. 1730. Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia

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