«El fervor italiano, moderado por la mesura francesa, alimenta en ella una ejecución ponderada, matizada e infinitamente viva… Su juego es agudo, incisivo, brillante; sus pasos no están esbozados con difuminado, sino trazados con buril. Ningún exceso de sensibilidad, sino infinitamente de inteligencia… Lo que enriquece el arte sutil de Carlotta, hecho de intuición y disciplina, con un atractivo excepcional, si no único, es su suprema musicalidad, es el nacimiento de cada paso del espíritu mismo del ritmo, la concordancia absoluta entre la impulsión sonora y el vuelo saltatorio.»
André Levinson, el crítico de danza más prominente en Europa en los años 1920-30s

Carlotta Zambelli nació en Milán el 4 de noviembre de 1875. Ingresó a la Escuela de la Scala de Milán a los siete años en donde estudió con los grandes maestros a Cesare Coppini (alumno ilustre de Carlo Blasis y formador de otras celebridades como Enrico Cecchetti y Pierina Legnani) y Adelaide Viganò (descendiente de Salvatore Viganò, gran bailarín y coreógrafo). En agosto de 1894, al terminar su último año en la escuela, fue descubierta por Pedro Gailhard, Director de la Ópera de París, quien la contrató en la prestigiada compañía al mismo tiempo que su amiga Clotilde Piodi.
Su llegada a la Ópera ocasionó algunas fricciones con los otros miembros del cuerpo de baile, pero las dificultades terminaron rápidamente. Carlotta Zambelli fue colocada bajo el ala de la bailarina española Rosita Mauri, quien en ese momento era la figura dominante en la compañía. La italiana hizo su debut en la escena parisina en 1894 en la variación del espejo de la ópera Fausto y un año más tarde triunfó en el divertimento de Hellé.
Carlotta causó sensación por su brillante técnica de la más pura escuela italiana, destacando las famosas pirouettes-fouettés, (en 1896, ejecutó 32 fouettés en el divertimento danzado de la ópera La Favorita) nunca vistas por el público de París, además de ser considerada una intérprete de rara inteligencia. El destacado crítico de danza de la época, André Levinson decía que Carlotta “no es la sílfide, más bien es la salamandra¨: el fuego, no la nube.”
En 1898, Rosita Mauri dejó definitivamente el escenario y Carlotta Zambelli tomó todos sus papeles y fue reconocida como la bailarina más importante de la Ópera (el ahora famoso título de Étoile no existía antes de la Segunda Guerra Mundial, pero se puede decir que el trato que se le dio a la Zambelli era equiparable).
Fiel a la Ópera de París, nunca dejó la casa mas que una sola vez, en 1901 para ir a San Petersburgo en donde fue invitada a bailar Coppélia, Paquita y su primera Giselle; siendo la última extranjera que fue nombrada prima ballerina en el Ballet Imperial Mariinsky. Causó tal impresión en el público que la administración del Teatro le propuso llenar su contrato con cualquier cantidad de dinero que se le ocurriera; pero a Madame Zambelli no le movía el dinero, porque su familia siempre había sido bastante adinerada, para ella la danza nunca fue un negocio.
Regresó a París y fue la bailarina reinante hasta su retiro en 1930. Además de los ballets Coppélia, Paquita y Giselle, en los que siempre fue la sensación, fue admirada especialmente por su interpretación en Sylvia (1919), en la versión de Léo Staats, que llegó a bailar más de 100 veces.

Sus cualidades bailando el gran repertorio le valieron la consagración internacional, pero la grandeza de su carrera se encuentra en los ballets que fueron creados para ella. Además de Sylvia, Leo Staats hizo para la Zambelli Namouna (1908), Javotte (1909), España (1911), Les Abeilles (1917), Taglioni chez Musette (1921), Cydalise et le chèvrepied (1923), La Nuit ensorcelée (1923). También fue creadora de papeles principales en Les Deux Pigeons de Albert Aveline (1919) y en Impresiones de music-hall de Bronislava Nijinska (1927) (en el que por cierto, fue todo un escándalo porque la más recalcitrante de las bailarinas de ballet aparecía bailando danzas al estilo americano, por ejemplo el cake-walk).
A partir de 1920 fue maestra de ballet en la Ópera, sucediendo a Rosita Mauri. Así, de 1920 a 1955, enseñó en esa institución y paralelamente fundó la célebre Académie Chaptal -su escuela privada a la que acudían numerosos alumnos de la escuela de la ópera para reforzar su formación. Entre los bailarines que formó durante el tiempo que fue profesora de perfeccionamiento en la Ópera de París se encuentran Lycette Darsonval, Claire Motte, Odette Joyeux, Yvette Chauviré, Paulette Dynalix, Christiane Vaussard, Zizi Jeanmaire, Violette Verdy, Attilio Labis y Pierre Lacotte, entre otros. Lycett Darsonval dijo que Zambelli les “enseñó a ser menos autómatas, a penetrar también en el espíritu de un ballet.”

Madame Zambelli, maestra rígida e intransigente, según la recuerdan sus alumnos, tenía ideas muy firmes acerca del arte de la danza. Por ejemplo se oponía firmemente a eso de elevar muy alto las piernas; solía decir “están cruzando la delgada línea hacia la gimnasia (…), ya quisieran los gimnastas ser bailarines.” En sus clases pedía que las alumnas portaran una túnica de organza con falda de tartán, con un lazo de satín en la cintura, moño del mismo color y flores en el cabello; para ella el leotardo negro y las mallas de lana (que se empezaron a adoptar con el director, Serge Lifar) era un atuendo para “ratas de hotel” y demasiado moderno.
Fue condecorada con la orden de los Caballeros de la Legión de Honor de Francia en 1956, siendo la primera representante de la danza en recibir esta distinción. Carlotta Zambelli falleció en Milán el 28 de enero de 1968; como homenaje a todo lo que esta grandiosa bailarina aportó a la danza francesa, el salón de ensayos principal del palais Garnier -sede del Ballet de la Ópera de París- lleva el nombre de rotonda Zambelli.


Aquí un video -sin audio- de la Zambelli en Sylvia https://youtu.be/qnkOM6s77h4?si=iEGOYzCuN9Zi_QtF

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