DE TAMAYO, CRANKO Y LA TRAGEDIA GRIEGA

El 19 de octubre de 1959 el Royal Ballet de Londres en Covent Garden estrenó el ballet “Antígona” de John Cranko. La música se la pidió a un joven y relativamente no tan famoso compositor griego, Mikis Theodorakis y el diseño de escenografía y vestuario estuvo a cargo de un famoso pintor mexicano con ninguna experiencia en el diseño teatral o de danza, Rufino Tamayo, quien por esos años vivía en París.

*Diseños de Rufino Tamayo para Antígona, tomados de publicación del Museo Rufino Tamayo de la Ciudad de México (2014)

El ballet de Cranko, tal como él lo describía en el programa, era “una versión libre de las leyendas de Antígona”. Basada especialmente en el texto de Sófocles, pero también en una obra de 1664 del escritor francés Jean Racine llamada La Thébaïde, ou Les frères ennemis. Ya en esa época, estaba muy influenciado por las nuevas tendencias de la danza en Estados Unidos (Graham, Robbins) y su ballet Antígona es uno de los primeros en Inglaterra en abordar temas de la Grecia clásica.

En Antígona se podía ver ya la inclinación de John Cranko a llevar obras literarias al ballet línea que seguiría a lo largo de su carrera (se dice que cuando hacía este tipo de ballets, exigía a sus bailarines “leer el libro” para comprender el sentido de lo que estaban haciendo), con el rasgo sobresaliente de que sus ballets tenían la intención de profundizar en los personajes más que en la trama misma.

El personaje central de Antígona fue hecho a medida para la primera bailarina del Sadler’s Wells Ballet (antecesor del hoy Royal Ballet), la lituana Svetlana Nikolaevna Beriozova, una bailarina alta y con fuerte presencia escénica, quien trabajó con él en varias de sus coreografías.

*Svetlana Beriosova como Antigone, arrodillada a los pies de Creón (Michael Somes). Fotografía: David Sim, Houston Rogers Collection at the Victoria and Albert Museum. Credit: Topfoto / ArenaPAL.

La respuesta fue mixta, aunque en general fue bastante bien recibida. El público muy ortodoxo del ballet criticó la coreografía (aparentemente demasiado dinámica e incluso hasta violenta), el tema y hasta los diseños de escenografía y vestuario por ser demasiado abstractos. Pero en general la pieza -de unos 40 minutos de duración- fue bastante exitosa con la crítica y el público ávido de nuevos aires en el ballet. Se considera la obra que abre el umbral hacia el neo-expresionismo en el ballet, concepto desarrollado por Cranko y que tuviera gran influencia en sus contemporáneos como Sir Kenneth MacMillan y posteriormente, en sus bailarines como John Neumeier o Jiri Kylian. Sin embargo, y a pesar de que en su primera temporada tuvo 17 funciones y de que se siguió presentando con regularidad hasta 1966, Antígona desapareció por completo del repertorio; es el gran ballet perdido de Cranko. Destaca su presentación en Stuttgart en 1961 con Marcia Haydée en el papel principal, y la reposición de 1963 con Anya Linden junto a Rudolf Nureyev en el papel de Etiocles (una de las primeras incursiones de Rudi en la danza moderna).

Dato curioso: Svetlana Beriozova era hija de Nikolai Beriozoff, director del ballet de Stuttgart de 1957 a 1960 . Beriozoff estaba decidido a darle un nuevo aire a la pequeña compañía que pertenecía a la ópera del Teatro Estatal de Württemberg ampliando su repertorio. Según varias fuentes, Svetlana le recomendó a su padre a este joven sudafricano que estaba haciendo coreografías muy novedosas en el Sadler’s Wells/ Royal Ballet. Beriozoff entonces ipide a Cranko a montar en Stuttgart su Príncipe de las Pagodas (Royal Ballet, 1957) y el éxito fue tal que Walter Erich Schaefer, director general del Teatro, lo a dirigir el Ballet. Lo demás, es historia…

*Svetlana Beriozova, John Cranko, Mikis Theodorakis y Rufino Tamayo, equipo creativo de Antígona, en casa de Cranko. Fotografía tomada de Killar, Ashley. Cranko, the man and his choreography. Troubador Publishing, LTD, 2022, Reino Unido, p. 164.

Deja un comentario