«Un empresario es un hombre que descubre talento, que lo promueve, que lo presenta, y que pone el dinero y corre el riesgo. Ese es mi trabajo principal, que es muy diferente a un mero agente, a un representante, al tipo que trabaja estrictamente por un porcentaje.» Sol Hurok

Sol Hurok (n. Solomon Israilevich Gurkov) uno de los más influyentes empresarios artísticos del siglo XX, nació en 9 de abril de 1888 en Pogar cerca de Járkov, Rusia (ahora Járkiv, Ucrania).
Fue el tercer hijo de una familia tradicional ruso-judía. Su padre era vendedor de mercancías en general. El joven Solomon aprendió de forma autodidacta a tocar la balalaika y lo hacía muy bien. También trabajaba en el negocio de su padre. A los 18 años, lo mandaron a estudiar a la escuela de comercio de Járkov, pero en vez de quedarse ahí, tomó el dinero que estaba destinado para sus estudios y emigró a Estados Unidos en mayo de 1906, acompañado por su novia, Tamara Shapiro, con quien se casaría en 1908. En Estados Unidos cambió su nombre a Sol Hurok y se concentró en aprender perfectamente el inglés y finalmente en 1914 se naturalizó estadounidense. Llegó con 1.50 dólares en la bolsa y con la voluntad de salir adelante a como diera lugar. Para sobrevivir tuvo varios trabajos: vendedor ambulante, conductor de tranvía, lavador de botellas, vendedor de herramientas.

Con los 7 dólares que ganaba a la semana en la tienda de herramientas, logró ir a la Metropolitan Opera House a escuchar al famoso cantante de ópera ruso Fiodor Chaliapin. Al terminar la función le dijo a un amigo que algún día él iba a representar a artistas de la talla de María Callas o Chaliapin, cosa que eventualmente sucedió cuando se convirtió en el empresario norteamericano de este último.
En esa época se encendió la chispa que lo llevaría a ser el famoso empresario que abrió camino a tantos valiosos artistas. En 1911 se afilió al Partido Socialista y ahí empezó sus actividades al organizar un concierto de recaudación de fondos. Después de algunos pequeños eventos, en 1916 declaró estar totalmente listo para dedicar todo su tiempo y energía a esta carrera. Rápidamente se hizo conocido por su habilidad para descubrir y promover talentos, y pronto empezó a representar a algunos de los nombres más importantes de la música clásica, incluyendo al pianista Vladimir Horowitz y la soprano Marian Anderson.

A lo largo de 60 años de trayectoria, sus triunfos lo llevaron a representar a una lista interminable de artistas entre bailarines, cantantes, músicos y compositores: Anna Pavlova, el mismísimo Chaliapin, Isadora Duncan, Katherine Dunham, Vladimir Ashkenazky, Mikhail Fokine, Alexander Glazunov, Victoria de los Angeles, Mstislav Rostropovich, Arthur Rubinstein, Isaac Stern, Frank Sinatra, Judy Garland, Margot Fonteyn, Rudolf Nureyev, Mikhail Baryshnikov… se dice que más de 4 mil artistas aparecieron en los escenarios auspiciados por él.


Hurok tenía una especial admiración por el ballet y hasta lo llamaron “el zar del ballet”. En los años 30, expandió sus operaciones para incluir danza y empezó a promover giras a Estados Unidos de algunas de las compañías más renombradas del mundo: los Ballets Rusos del Coronel Vasili de Basil, el Ballet Ruso de Monte Carlo de Serge Denham, el Sadler’s Wells de Londres (posteriormente Royal Ballet) con todo y su Margot Fonteyn, el Ballet de Igor Moiseyev, el ensamble Berioshka de danza tradicional rusa, entre otros. Pero sin duda, su gran logro fue que, tras 35 años de intentos, llevó a Estados Unidos al Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú -Galina Ulanova incluida- en 1959 para una gira de 8 semanas. Posteriormente en 1961, llevó al Ballet del Teatro Kirov (Mariinsky) y todavía logró una hazaña más grande, cuando en 1962, en plena crisis de los misiles de Cuba, volvió a presentar al Ballet Bolshoi. Con esto Hurok separaba las diferencias y complejidades de la política, de la belleza y la pureza del arte.

El éxito de Hurok en el mundo de la danza se debió en parte a su habilidad de reconocer el atractivo que representaba para el público norteamericano y en parte a su voluntad de tomar riesgos con compañías jóvenes e innovadoras. Además de ser un exitoso empresario artístico, Hurok fue también un defensor de las artes siendo, por ejemplo, un gran patrocinador del Ballet Theatre (más tarde renombrado como American Ballet Theatre).
Hurok murió en 1974, pero su legado como uno de los más influyentes empresarios artísticos del siglo XX continúa. Su impacto en el mundo de la música y danza no es exagerado. Fue responsable de introducir a muchos de los grandes artistas del siglo XX al público americano, y jugó un papel clave en popularizar la música clásica y la danza en Estados Unidos.

Si eres listo y astuto,
No fuerces tu intelecto:
No hay mejor representante
Que el gran Sol Hurok.
Mstislav Rostropóvich, director y violonchelista ruso, plasmó en este verso la opinión general de los artistas rusos sobre sol Hurok


Deja un comentario